Amén de las amistades. ¿Qué haremos ahora?, ¿Cómo enfrentar todo aquello que nos llena de tristeza y humillación? No, no se puede. No se quiere. Es preferible no despertar y dejar que la tristeza nos invada y nos cobije entre lágrimas, mocos y las greñas enmarañadas.
Cada despertar es la confirmación de un día más de lo que hemos perdido. Un día sin saber de él. Sin que aparezca de repente o nos llame. Un día largo donde todo nos estorba y la vida por así decirlo, nos queda grande.
No es sencillo cancelar un futuro. Algunos vamos, ya estaban tan avanzados que se corrían desde invitaciones a la boda, hasta despedidas de soltera.
¿Cómo cancelan su futuro inmediato aquellas mujeres que serán madres?, ¿Quién les tomará la mano a la hora del parto?, ¿A quién querrán ver en esos momentos? a ellos. A los que no están ni estarán porque desaparecieron de su futuro inmediato.
Despertar y recordar que su lado de la cama yace vacío. Que sus cosas no están si vivía contigo y esa punzada en el pecho que te recuerda que jamás regresará porque esta vez y para siempre ya se ha ido.
No es sencillo despertar con el amor en el pecho y con la vida rota de todo aquello que construimos.
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