lunes, 19 de enero de 2015

Día uno, no lo puedes creer.

Despiertas y no lo puedes creer. Creo que la parte más dolorosa es comenzarlo a asimilar. ¿Y si fue solo un mal sueño? - piensas - y comienzas a jugar con tu mente de las formas más crueles y redentoras posibles.

<<En algún momento llamará. Se retractará. Me va a extrañar. Solo debo esperar un poco.>> Todas estas frases comienzan a desfilar por la cabeza mientras el tiempo parece estirarse y justamente ese día, tú no encuentras absolutamente nada que hacer o que te arranque de la cama con la suficiente fuerza de una prioridad que demande el 100 % de tu presencia.

Llegado a un punto a la hora equis del día, flaqueas. 'Le llamaré', - piensas e ideas mil formas distintas para que tu búsqueda resulte casual y lo más digna posible. Lo último que deseamos es recoger el orgullo en el piso si nos cuelgan o contestan con la fría indiferencia que te indica que no fue un desacuerdo de enamorados o un berrinche pasajero. Es real. Se ha terminado la relación.

Te debates entre el me atrevo y no me atrevo. Lloras y las horas lentas te llevan de la mano a dormir largas horas deseando güajiramente despertar de lo que consideras un mal sueño. 

Lloras, duermes, y no llamas y si lo haces, la realidad te golpea con la respuesta. Fue real. Se terminó.

Despiertas y el sujeto jamás te llamó, vamos, ni siquiera da señales de reconsideración o arrepentimiento. Y entonces ese hueco en la boca del estómago toma su lugar y se instala ahí con el escalofrío de extrañar ese abrazo que poco a poco notas desaparece de tu presente y tienes miedo de que sea para siempre.

Se muere el día y ese mismo día te comienzas a morir tú con él. Solo hay dos opciones: Quererte morir en ese mismo instante o intentar sobrevivir.

No deberíamos de ser tan duros pero siempre elegimos lo más doloroso y dramático pero real; querernos morir.

Y nos vamos a tirar a morir todo lo que reste de ese día con el celular en la mano, revisando cada cinco minutos si hay mensaje nuevo. Lo último en lo que pensaremos (porque no nos interesa) es en qué estará haciendo. Solo queremos que llame, que nos busque y encontrar el punto de retorno donde todo vuelva a ser como antes y se arregle.

Nos daremos cuenta de que pasa ese día sin que nada suceda y sabremos que no queda más que sobrevivir día con día hasta que él o ella reconsidere, (que no sucederá) o hasta que deje de doler y podamos mandar la relación al archivo muerto de los recuerdos.

Duermes nuevamente porque el día se ha terminado y tú terminas junto con él, llorando.



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